Cómo Chile pasó de exportador de legumbres a depender de las importaciones

Cómo Chile pasó de exportador de legumbres a depender de las importaciones

En un 200% subió el consumo de legumbres en Chile durante mayo como consecuencia de la crisis sanitaria mundial. El quiebre del stock de porotos, la caída en la oferta de lentejas y garbanzos en las góndolas de los supermercados en plena pandemia por Covid-19 redirigió la mirada al campo para buscar una explicación.

Hasta hace unos meses el consumo de leguminosas en el país bordeaba los 2,5 kilos por persona al año, muy por debajo de Brasil o Argentina, donde asciende a 16 kg y 8 kg respectivamente. El reemplazo de la proteína de la carne por proteína vegetal en la dieta de los chilenos y la alta demanda de legumbres para completar las canastas de la Junaeb y las cajas de alimentos que distribuye el gobierno a la población más vulnerable provocó un desabastecimiento momentáneo y alzas en los precios.

En este escenario el ministro de Agricultura, Antonio Walker, llamó a la tranquilidad y aseguró que durante junio y julio se espera el arribo a Chile de legumbres para enfrentar esta escasez. Justamente en las primeras semanas del mes en curso el propio personero supervisó en el puerto de San Antonio, en la región de Valparaíso, la llegada de una carga desde Canadá.

“Recibimos 10 containers de lentejas que vienen de Canadá, 220 toneladas de lentejas, y también recibimos cinco containers de porotos, 110 toneladas. También tenemos garbanzos que vienen de Argentina y tenemos muchas legumbres que vienen en el agua, en distintos barcos, para arribar en el mes de junio y en el mes de julio”, aseveró Walker.

DE EXPORTADOR A IMPORTADOR

“Más chileno que los porotos con riendas” se suele escuchar comunmente en la jerga popular; sin embargo, es interesante aclarar que el principal ingrediente de este plato típico ya no proviene en su mayoría de este país.

Sólo el 25% de las 35 mil toneladas de legumbres que se consumen al año en Chile se cultivan en el territorio nacional, el resto viene del extranjero. Pero ¿cómo se llegó a esta situación?

Es difícil entender cómo en la década de los 80 Chile era exportador de leguminosas, mientras que hoy depende de las importaciones. Según las cifras oficiales en la temporada agrícola 1979-80 se sembraron 202.420 ha de legumbres a nivel nacional, superficie que bajó hasta llegar a las 22.578 ha en la temporada 2019-2020.

Según explica Kianyon Tay, Fitomejorador de leguminosas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, Inia, la baja demanda interna de este alimento sumado al desarrollo de la hortofruticultura (actividad más rentable) y la apertura del comercio exterior chileno que obligó a los pequeños agricultores a competir con grandes países productores desincentivó su producción en el país y motivó la búsqueda de nuevos rubros.

“La disminución de superficie de legumbres comenzó a fines de los 80 debido principalmente a la apertura del comercio exterior chileno donde entró a competir con grandes países productores de legumbres como Canadá, EE.UU, Argentina, quienes tienen sistemas productivos de grandes superficies y altamente mecanizados. Cabe indicar que los costos de producción en dichos países son menores en comparación con la producción de legumbres en nuestro país que en un 80% está en manos de la Agricultura Familiar”, indica el investigador.

La caída en el consumo de legumbres -explica el experto- obedece a varios factores, pero quizás uno de los más importante fue el aumento del ingreso económico de los hogares en Chile, lo que motivó a reemplazar este alimento por la carne.

“La proteína de origen vegetal ha sido desplazada por la de origen animal, también parte de la población lo ve como un alimento de menor prestigio social. También ha influido el cambio de estilo de vida de la población, ya que hoy es común que hombre y mujer trabajen fuera y se dispone de menor tiempo para labores de casa y estos platos suelen requerir un mayor tiempo de preparación que otros precocinados”, sostiene Tay.

SUPERFICIE Y MANEJO

Según los últimos datos oficiales durante la temporada 2019-2020 se desatinaron 7.189 ha al cultivo de porotos, 1.125 ha a lentejas y 239 ha a garbanzos. En tanto, el lupino dulce y amargo cuenta con 12.804 ha.

En cuanto al manejo agronómico, Kianyon Tay sostiene que este depende de la especie y la zona, ya que los requerimientos para cada una son diferentes. Por ejemplo, en nuestro país la lenteja y el garbanzo son cultivos de invierno y se establecen preferentemente en el secano costero de la Región del Maule hasta el Biobío y sus limitaciones están dadas preferentemente por suelos pobres en fósforo (P), anegamientos en suelos irregulares y competencia con malezas.

El investigador aclara que la zona de producción del poroto es el valle central de riego principalmente, pero existen zonas de vegas en los secanos costeros donde también existe producción. “En general se concentran en las regiones del Maule, Ñuble y Biobío”, dice.

EXPERIENCIAS EN EL SUR

Pese a que las siembras de porotos se desarrollan fundamentalmente al norte de La Araucanía, en esta región -donde se cultiva el ciento por ciento del lupino- también se trabaja para impulsar su consumo y producción.

Un ejemplo es el poroto Manteca, ecotipo único en Chile y el mundo, producido exclusivamente en las vegas de la comuna de Carahue y donde forma parte importante de su identidad y un eje productivo-económico trascendente entre los productores.

El proyecto de la Fundación para la innovación Agraria (FIA) “Mejoramiento y rescate del recurso genético valioso del poroto “Manteca”, ejecutado por Inia Carillanca y que cuenta con apoyo de la Municipalidad de Carahue e Indap, responde a una necesidad detectada por agricultores mapuche del sector Taife, quienes advirtieron que esta variedad había decaído notoriamente afectando su productividad.

Este recurso ha estado en manos de los agricultores desde antes del inicio de los programas de mejoramiento genético y es muy valorado por sus características agronómicas y culinarias.

“El poroto Manteca es una variedad criolla que los agricultores deTaife y Lolocura. Esta variedad es la que más se adapta a esas condiciones, tiene rápida germinación y emergencia, tolera mejor el déficit hídrico y las bajas temperaturas y tradicionalmente ha rendido más que otras. No obstante, se ha visto disminuida su productividad y calidad producto de la virosis”, acota Juan Luis Jeno, extensionista del PDTI de Carahue.

La caída en la productividad de esta variedad fue debido a la presencia de virus que causan síntomas conocidos como mosaicos en las hojas. Por esta razón, con ayuda del doctor Mario Mera, fitomejorador de leguminosas de Inia Carillanca y director del proyecto, se trabajó en encontrar resistencia genética a los virus y obtener material genético libre de ellos, el que se conservó en Bancos de Germoplasma de Inia con el fin de ser devuelto a los agricultores en caso de un evento climático catastrófico fortaleciendo la seguridad alimentaria.

Durante los dos primeros años del estudio de esta iniciativa (2016-2018) se confirmó que el poroto Manteca cultivado en Taife presentaba problemas de cinco virus: mosaico común del poroto; mosaico común necrótico del poroto; mosaico amarillo del poroto; mosaico del pepino y mosaico de la alfalfa.

Los predominantes y más peligrosos son los dos primeros, trasmitidos por semilla y por pulgones. En tal sentido, durante la primera temporada se evaluaron 500 progenies de planta individual en Tranapuente (Carahue) y las mejores 60 se evaluaron la segunda temporada. Para el ensayo de rendimiento de la tercera y cuarta temporada del proyecto (2018-19 y 2019-20), se seleccionaron 14 líneas por productividad y/o tolerancia al virus del mosaico común.

Con este proyecto se han podido identificar líneas de alto rendimiento y con tolerancia al virus del mosaico común, donde a nivel de ensayo se han obtenido rendimientos por sobre los 3000 kg/ha durante la cuarta temporada. Esto es muy positivo, dado que el último rendimiento promedio registrado de poroto en la Región de La Araucanía fue de 540 kg/ha, durante la temporada 2017-18, según Odepa.

Este año, advirtió el extensionista de Indap, Juan Luis Jeno, finaliza este proyecto; por lo tanto, es hora de analizar los nuevos pasos a seguir para continuar apoyando la producción de este alimento.

Como ocurre en otras zonas del país este cultivo esta en manos de la pequeña agricultura, la que aún no se ha mecanizado.”No cuenta con maquinaria para cosechar porotos. Se trata de un proceso muy artesanal. Lo arrancan y después con una trilladora lo amontonan y así lo trabajan. Queda ahora conocer los resultados finales del proyecto y ver qué decisión adopta la comunidad que presentó esta iniciativa y conocer cuál será la variedad que van a elegir”, dice Jeno.

Ahora con el cierre de esta iniciativa la medida más inmediata es buscar los apoyos necesarios para lograr multiplicar esta semilla. “Desde Inia se comprometieron a entregar semillas de la línea ganadora; sin embargo, se trata de una cantidad menor que no alcanza para satisfacer la necesidad total de los usuarios del programa y ahí entra el municipio de Carahue que nos va a apoyar con el tema de multiplicar estas semillas en Inia Tranapuente, donde se adapta muy bien y es una zona libre de virosis. Nuestra idea es propagar este poroto y poder entregar este recurso a los productores para que puedan realizar sus propios semilleros”, dice.

TRADICIÓN FAMILIAR

La superficie total destinada al cultivo de este poroto en la zona fluctúa entre las 400 y 600 ha y su producción es vendida en el mercado local y en las comunas cercanas como Temuco, Pucón y Villarrica. Sin embargo, hay algunos productores que se han atrevido a cruzar las fronteras regionales con buenos resultados.

Este es el caso del Bartolo Ancapi, quien a sus 44 años se dedica junto a toda su familia a la producción de legumbres (porotos, arvejas, lentejas y habas) las que complementa con plantaciones de trigo, cebada y avena. “He estado en esto desde siempre. Es como una tradición familiar y le tengo especial aprecio al cultivo de legumbres. Es un proceso difícil por la falta de mecanización, todo aún lo hacemos muy artesanalmente; sin embargo, es un trabajo que conocemos muy bien y nos gusta hacerlo”, cuenta.

Alrededor de 65 hectáreas son las que destina al cultivo de porotos, principalmente de la variedad Manteca, cuya producción (alrededor de 42 mil kilos en la última temporada) comercializa en Temuco y alrededores aunque también tiene buenos clientes en Concepción y Puerto Montt.

“Ellos saben que nuestra producción es de calidad. Nuestro poroto es más blandito por las condiciones de suelo y clima en el que estamos. El poroto Manteca se consume en sur, no es muy conocido en el norte”, sostiene el productor, quien confirma que debido a la pandemia aumentó la demanda y los precios.

“Habitualmente vendíamos legumbres todo el año; sin embargo, a la fecha ya casi no nos queda stock. En precios estábamos vendiendo a 1.200 pesos el kilo y ya estamos en los 1.800 pesos”, dice Bartolo, quien afirma que tienen toda la intención de seguir creciendo y mantener viva esta tradición; sin embargo, enfrentan varias limitantes.

“Nos falta mayor apoyo y visibilización. Tenemos problemas de comercialización por lo complejo que es llegar a los clientes. No manejamos publicidad y sentimos que no somos reconocidos como productores. A esto se suma la escasa mecanización, aún realizamos las labores manualmente y necesitamos mano de obra, la que cada vez está más cara”, comenta Ancapi.

UN ASUNTO DE SEGURIDAD ALIMENTARIA

La evidente dependencia de Chile del arribo de legumbres desde el extranjero contando con territorio y productores dispuestos a cultivarlas llama a la reflexión. Al respecto, Kianyon Tay, precisa que se trata de una situación compleja.

“El actual escenario ha reflejado lo delicado que es dejar la soberanía alimentaria de nuestro país en manos del mercado internacional, que frente a cualquier catástrofe, siendo ahora una pandemia, pero en el futuro cualquier otra adversidad de impacto global, pueda ocurrir una rápida reducción de inventarios produciendo una menor disponibilidad de legumbres en el mercado interno para satisfacer la demanda de la población, reflexiona”, dice.

Esto -agrega- llama a fortalecer e incrementar la producción de leguminosas de granos en el país, fomentar y proteger estos cultivos a través de políticas públicas nacionales. El experto recalca que actualmente las legumbres tienen un escaso desarrollo entre productores e industria.

“Se necesita que productores obtengan precios justos por sus granos, aplicando estabilidad en precios de venta, o que a través de la industria se puedan establecer modalidades de fijación o acuerdos de precios. Esto sin duda incentivaría a productores a reencantarse con la producción de leguminosas en nuestro país y que frente a cualquier adversidad mundial podamos contar con volúmenes de legumbres necesarias para satisfacer la demanda local y no depender del producto importado”, concluye.

Fuente: Campo Sureño

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